domingo, 5 de agosto de 2018

Expectativas v/s Realidad: o el autosabotaje.


Las mejores experiencias de la vida son esos pequeños regalos de tu cerebro que se vuelven realidad. Lo malo es que nadie te cuenta lo que pasa entre el dicho y el hecho: el lado sarcástico de tu cerebro: las expectativas ¿Por qué es así? Básicamente, porque a la mayoría de nosotros nos acompaña una amiga que a veces te hincha los ovarios: La ansiedad.
En otro post les conté sobre los planes que uno hace en la vida, pues con ellos se va entretejiendo, una necesidad de acelerar el reloj, de que todo salga “bien”. Ese espacio entre el hoy y el mañana se vuelve una lucha constante con tu mente que va a una velocidad que hasta Flash envidiaría: imaginando los posibles escenarios ante la concreción de ese plan o proyecto.
Si eres fan de la astrología ruegas a Mía Astral te mande la respuesta que esperas, pides que por nada del mundo Mercurio esté retrógrado y esperas con todo tu corazón que Venus se sienta cómodo en tu carta, porque si no nos vamos al carajo.
Si eres de esas personas perfeccionistas/controladoras planificas con 6 meses de antelación, si es un viaje: revisas el hotel, si quieres visitar los imperdibles de tu destino ves las rutas desde tu hotel al lugar de preferencia no una, sino unas cien veces, lo apuntas en una libretita para estar segura, revisas a diario la página del Banco Central para ver como fluctúa el cambio de moneda, no vaya a ser que tengamos que usar la línea de crédito de la tarjeta. Revisas al menos una vez por semana el estado de tu reserva, solo por nombrar algunos.    
Si a esto le sumamos que tu cabecita muchas veces te hace soñar despierto y dormido sobre lo que puede pasar, no te extrañes que tu dieta se vuelva tilo céntrica, porque tus nervios no dan más. El peligro: Sobrevivir a la experiencia del sueño cumplido, padecerlo en lugar de disfrutarlo y experimentar cada segundo, porque el tiempo no vuelve.
Si llegaste hasta aquí estarás pensando: “Claro, es muy fácil decirlo ¿Cómo se hace eso? No soy ningún Depak Chopra para dar una receta universal, pero espero que estos puntos te sirvan:
1.       Planificar lo justo sin agobiarse: ¿Cómo? Generalmente las cosas llegan por etapas es decir, si viajar es la quinta etapa del proceso antes vienen 4 etapas, planifica cada una según cercanía o prontitud, porque si no te sentirás como el coyote cuando siente el yunque venir.
2.       No le des manija a tu mente por los posibles escenarios que vivirás ya sean malos o buenos en cualquiera de los dos casos no te dejarán disfrutar de la experiencia. Haz algo relacionado con el arte, cualquier expresión artística te ayuda a canalizar emociones. Tranquila, no necesitas ser Dalí, Mozart o Walt Withman. Con que tomes una hoja y pintes o dibujes es suficiente.
3.       Cuando llegue ese hoy que esperas solo vive cada minuto sin esperar nada, disfruta y deja que la vida te sorprenda así, te ahorrarás las tan amargas decepciones.

Es así como la canción favorita  de tu infancia:  Hakuna Matata se vuelve un mantra pero a diferencia de Timón, Pumba y Simba todavía tenemos los pies en el suelo porque sabemos que mientras más avanzas más cerca estás de materializar aquello que alguna vez creíste imposible. 

lunes, 30 de julio de 2018

Lo que hice mientras dormías



No todos lo saben. Es más, creo que es primera vez que lo comparto (y ruego no ser la única para no quedar de loca). En fin... creo que todos hemos experimentado "insomnio". Lo que no estoy tan segura es si todos hacen lo mismo que yo durante esas horas en las que no sabes qué hacer.

Algunas pensarán: "Pues que aproveche de leer o de escribir". No, eso no sucede porque misteriosamente mis pensamientos se van para otro lado. Durante esas horas de "hacer nada", en realidad "hago mucho": Planeo mis Outfit de aquí a la eternindad, hago tableros de Pinterest con ropa que usaré en mi viaje a Buenos Aires. Reviso a cómo está el cambio de dólares y pesos argentinos. Reviso lugares hermosos que quiero visitar. Planeo conversaciones que nunca llevaré a cabo. Veo videos y escucho las más insólitas canciones. Reviso perfiles de IG que me parecen atractivos. Busco ideas de decoración. Planeo remodelar mi habitación... y así hasta que me dan las 7:00 am sin dormir y con un montón de cosas que estoy segura no haré ni compraré.

¿Les ha pasado? Díganme que sí. Porque estos últimos días me hice seguidora de un montón de tiendas de ropa, de decoración, de grupos musicales que en lo cotideano ni siquiera me detendría a escuchar y hasta me aprendí mentalmente un par de coreografías de un instructor de Zumba que sube videos en Youtube.
¡Y me vi hasta la repetición de un par de programas de farándula que durante el día juro que no me interesan!
En fin... resumiendo, mientras ustedes duermen, mi "otro yo" vaga por las redes buscando tutoriales de maquillaje, de cocina, de ejercicios (ja, ja, ja). Y, durante el día, no me maquillo, se me quema la comida y el único ejercicio que hago son dos abdominales: Uno cuando me levanto y otro cuando me acuesto.

¡Que tengan una hermosa semana! 

martes, 24 de julio de 2018

Mejores Amigas






La vida no se trata simplemente de recorrerla como una carretera en un vehículo a toda velocidad. Siempre hay algo que te hace detener y observar los pequeños detalles de esa carretera, el viento, el paisaje o simplemente una sonrisa. ¿Amor? Puede ser… ¿Maternidad? Absolutamente… pero, ¿Qué hay de las mejores amigas a lo largo de nuestra vida? 
Aquellas pequeñas hadas que nos acompañan en cada momento de nuestras vidas, con las que reímos hasta más no poder, aquellas que saben hasta nuestros más oscuros secretos, esas que nos regalan su hombro manos y cabello para llorar, esas cejas juntas que nos llaman la atención cuando nos cuesta entrar en razón, aquellas que nos dicen ¡No! Y también ¡Sí!, con quienes no necesitamos hablar, tan solo necesitamos una mirada, quien no te juzga ni te regaña porque no hablemos todos los días… y lo más importante… que siempre pero siempre están ahí.
¿Podemos tener varias “mejores amigas” a lo largo de nuestra vida?, yo creo que sí, y cada una de ellas, para mí, han formado la persona que soy hoy en día.

Comenzando el camino en mi carretera, cuando iba en primero o segundo básico conocí a quién se ha convertido en mi otra mitad, una amiga incondicional en todo aspecto de nuestra relación, la adolescencia la pasamos como siamesas, nos ilusionamos, lloramos, y nos mega ultra reímos juntas. Pero, de pronto nos cayó la vida encima y a pesar que somos madres, esposas y etc… aún nos vemos y la sigo considerando mi hermana del alma. Incluso nuestros hijos cumplen años el mismo día XD.

Cuando iba por esa carretera, esa nueva y expectante, esa carretera que se comienza cuando sales de casa a vivir tu propia vida, me detuve una vez más encontrándome con una pequeña hada envuelta en papel higiénico disfrazada de momia, (jajajaja) de eso han pasado 15 años, y contando… compartimos experiencias, dolores, y nuevamente muchísimas risas, buena música y anécdotas para escribir un libro. Conocimos juntas el comienzo de una carretera que nos esperaba un poco más maduras. Este año al fin fui testigo (literalmente) de unos de sus más grandes sueños. Y espero sigamos cumpliendo muchos más juntas.

En unos de los giros de esta larga carretera, pasaba por una de esas curvas hermosas, en donde ya había conocido al amor más puro que una mujer puede conocer, como lo es un hijo. En esta carretera me encontraba detenida, organizando mi nueva vida como madre y reencontrándome con mí cuidad, ya que había vuelto a mi nido después de haber volado por casi 9 años sola. Volvía con compañero y bebe abordo. Fue cuando la vida me detuvo una vez más en esta carretera, conociendo a mi nueva hada desde el más puro dolor, encontrándola en uno de sus peores momentos. Sin saberlo me involucré en su vida y ella en la mía, como si nos hubiésemos conocido desde antes, desde hacía tanto antes que ninguna fue consciente y hoy después de casi 10 años sabemos y reconocemos ese lazo tan fuerte que nos unió y que nos une  y unirá.

La carretera me ha llevado por varios caminos, algunos han sido alamedas, otros pequeños pasajes, donde entras y sales rápido, como también he tenido que devolverme cuando he entrado a pasajes sin salida, pero sin importar el rumbo que tome, sé que ahí estarán mis hermanas del alma, para empujarme, sostenerme, o caer conmigo. Así son las amigas, aquellas pequeñas hadas disfrazadas algunas de momias, superhéroes o lo que sea, nos pondrán el hombro, las manos, la sonrisa o nos zamarrearán. Como también siempre estaré ahí para ellas. Siempre estarán las sonrisas, los cariños, la preocupación, la admiración y el amor infinito.

Hoy por hoy recorro una carretera difícil, con poco tiempo para todo lo que me gusta hacer, porque la vida es así, sin embargo, me he detenido y me he encontrado con dos hadas maravillosas, desprendidas de conocimiento, compartiendo sin pedir nada a cambio, escuchando, sosteniendo, apoyando.

En este camino siempre hay personas en la orilla del camino, a quienes vas observando cómo se hacen chiquititas a través del espejo retrovisor, pero que sin duda van dejando huellas, para bien o para mal, pero que debían estar ¿aprender? Quizás…

Las amigas son esa otra parte de nosotras mismas, esa parte que nos hace ser auténticas, esa otra parte que nos hace ser valientes, la amistad nos convierte en guerreras, en monstruos asesinos también cuando nos tocan una de las nuestras… las amigas, esas mejores amigas son las que nos hacen que la vida no sea tan dura.

Para las amigas siempre debe existir un momento para detenernos a observar los detalles de este camino junto a un cafecito y un trozo de torta. O si el tiempo apremia siempre podemos pasar por un abrazo en donde estén. ¡Las adoro! Gracias por habernos reencontrado, para ellas, mis mejores amigas. 

¿Y tú?…. ¿Has ido coleccionando mejores amigas a lo largo de tu carretera?

martes, 10 de julio de 2018

El valor del trabajo


Estoy ante una hoja en blanco, con el cursor esperando a que empiece a teclear. Y ahí estoy, con la mirada perdida, preguntándome, «¿qué diablos escribiré?»…
¿Irónico, no? Siendo una escritora, debería tener el don de la palabra. Pero bueno, no solo soy escritora, también soy el corazón de una pequeña editorial que soñó, durante tres años, en democratizar un poco el proceso de sacar un libro en papel, que el dinero no fuera un impedimento, para permitir que el talento y la ilusión fuera tangible.
Pero los sueños terminan.
Y este terminó, desperté.
Regalé  tres años de trabajo, de conocimientos, de investigación, de gestión, de estudio, de tiempo. Recibí gratitud, experiencia, amigas, reputación y preciosos momentos.
Pero llega un momento en que ya no puedes regalar o cobrar una comisión irrisoria, casi simbólica. Sobre todo, cuando asumen que lo vas a hacer, que este trabajo es fácil y sencillo; y no lo es, nunca lo ha sido. Aunque lo haga mil veces, nunca es fácil.
Y llega un momento en que lo único que recibes son dolores de cabeza, malos ratos y un constante ruido mental que te grita «¿por esto estoy trabajando?, ¿vale la pena quitarle horas a mi familia para esto?». Porque en el estricto rigor es eso, un trabajo.
Hoy saqué el cálculo de cuánto cuesta, en dinero, mi trabajo que, en términos generales consiste en dar servicios editoriales: diseñar una portada, diagramar, inscribirlo en la cámara chilena, gestionar con la imprenta, gestionar un lanzamiento, hacer señaladores, booktrailers, enviar a corrección, asesorar, promover, aconsejar y un largo etcétera…
El resultado final es escalofriante. Hacer un libro en papel con toda la parafernalia posible es prohibitivo, y ni siquiera abarco el tema de distribución a librerías —y eso, es harina de otro costal—. Ahí es cuando entiendo el porqué una editorial tradicional solo le da el 8% o 10% al autor, de otro modo, no es negocio.
Hoy le tomé el real peso de lo que he hecho. Puse en la balanza todo lo que me ha costado, todo lo que he recibido.
Nunca quise que esto fuera un negocio, ¡somos independientes! Nos cuesta sangre sudor y lágrimas estar en esto, y no depender de la varita mágica que nos llevará a una editorial gigante para convertirnos en best seller. Nosotros  tomamos esa misma varita, estudiamos hechicería, practicamos infinidad de veces hasta perfeccionarnos y hacemos magia. Quería que el lector ganara, que el autor ganara, que tuviéramos un producto de calidad profesional, que fuera un dar y recibir desinteresado, que el libro llegara a todos a un precio accesible. Ese era mi sueño, pero, en la cruda realidad hay una delgada línea que no debe traspasarse, pero sucedió… y aprendí, a porrazos, que no todos piensan, sienten, actúan, ni tienen los mismos valores que yo. Y es triste, muy, muy triste, porque me he llegado a cuestionar si seguir en esto o no, y llegué a una conclusión que no quería ver ni asumir. Pero ahí está, gigante, escrita con letras mayúsculas de color rojo y en neón… Y ya no puedo seguir evadiendo la realidad, y decidí.
No saben cuánto lo siento en el alma, pero las reglas cambiaron. Entregaré lo mejor de mí, de eso que no quepa duda, pero primero, valoraré este trabajo, es como debe ser.
Pero, siempre hay un pero, existe un puñado de personas, que merecen que los siga apoyando, por diversas razones. Pero la principal, es que tienen el mismo sueño que yo, y que valoran, de verdad, mi trabajo. Por esas personas valiosas, que aportan, que son valientes e íntegras, he decidido continuar en este camino, para descubrir hasta donde se puede llegar. Porque no quiero que paguen justos por pecadores y porque una parte de mí sigue soñando, a pesar de la realidad.

domingo, 1 de julio de 2018

Perfeccionismo, me arruinas la vida

"Lo más importante, siempre debes tener fe en ti mismo"


“Con tu deber no más estás cumpliendo” esta frase ha salido de la boca de mi papá cada vez que le mostraba una buena nota, alcanzaba un logro o simplemente hacía algo que para mí era muy difícil. En este contexto nace mi permanente afán perfeccionista que a veces me gusta tildar como un mecanismo de compensación, por mi falta de “normalidad”. 
 Pero ¿Por qué quiero ser perfeccionista? Y Freud en este instante se ríe de mí porque la respuesta es: para agradar a los demás y pueda formar parte de su grupo, que patético ¿verdad? Sudas sangre para lograr lo que quieres, y al final cuando lo haces en el fondo sabes que no es por ti que lo haces sino, para lograr que los demás te acepten.
Mientras escribo pienso en las estupideces que he hecho para lograrlo.

1.    Para ser la amiga perfecta: hacía todo lo que me pedían era como un perrito faldero detrás de su dueña. Incluso regalé cosas valiosas para mí a alguien que a fin de cuentas no lo merecía.
2.    Para ser la hija perfecta: ayudaba en casa y luego daba informes detallados de todo lo que hacía solamente para recibir un gracias hija.
3.    Para ser la alumna perfecta: no salía a recreo si no había terminado la tarea de la clase (la mayoría de la gente pensaba, que era por tenacidad) pero no, simplemente era para recibir un refuerzo positivo como el perrito de Pavlov y la campanilla.

Si a eso le sumo el pánico que me producía equivocarse o fallar en algo, todo se transforma en un martini seco de pura culpa coronado por latigazos que me propinaba mentalmente con palabras subrayando lo torpe y poco avezada que era.
Ay, la culpa ese amargo elixir que nos gusta beber cuando hacemos algo más que nos vuelve víctimas de nuestras circunstancias, en lugar de asumir la responsabilidad por nuestros actos y hacernos cargo de las consecuencias,

Es complicado intentar de ser perfeccionista y hacer las cosas solo por el gusto y el placer de hacerlas sin la presión de ser el mejor. Eso le quita un alto porcentaje de presión a tu espalda porque a veces, y seamos sinceros, eres la competencia de Sísifo empujando la piedra por la cuesta, solo que en tu caso prefieres llevarla en tu mochila donde además cargas el mundo, ese que crees debes controlar.

Pero un buen día te cansas de todo lo que haces y decides por fin, que lo importante no es lo que los demás piensen o digan sobre lo que haces, Aquí lo que de verdad importa eres tú. Porque a fin de cuentas la única persona que va a estar contigo hasta el día de tu muerte es la misma que aparece cuando te pones frente al espejo.


Haz lo que quieras dando lo mejor de ti, pero sin olvidar que debes disfrutarlo sin torturarte. Vive sin pensar en nadie más que en ti, buscando la propia satisfacción y el orgullo de la meta lograda. Porque si te equivocas aprendes, si te caes te levantas pero lo más importante es que el mundo no se acabará si fallas, ni nadie dejará de quererte.

lunes, 11 de junio de 2018

REWIND




Cuando tenía once años, me invitaron a mi primera fiesta de grande. De esas que se celebraban después de las ocho de la tarde y terminaban como cenicienta a las doce o un poco antes. Era el cumpleaños del niño que me gustaba en silencio, era el mejor del curso en notas y comportamiento.

Lo conocía desde primero básico si es que no de antes porque no me acuerdo. Él era perfecto para mí,  y para todas las niñas del curso obviamente. Recuerdo haberme puesto un vestido rojo liso hasta la cintura y la falda con tablas hasta las rodillas, usé zapatillas y una chaqueta de jeans, y mi mamá me hizo una media cola de caballo dejando mis rulos sueltos hasta la cintura, y mi chasquilla, era como una ola para surfear (que horror).  Recuerdo que las niñas bailábamos y seguíamos coreografías de Madonna  y comíamos golosinas. Hasta que pasada las nueve de la noche aproximadamente, comenzó a sonar “Endless in Love” de Lionel Richie & Diana Ross.  Un poco anticuada para la época, considerando que esa canción se lanzó el año 81, cuando yo recién había nacido, pero se entendía, ya que los Djs de ese entonces seguramente eran los padres u otros adultos. Todas las niñas nos acumulamos en una pared de la sala y los niños al otro lado, como si fuésemos a atacarnos los unos a los otros. Sin embargo, esperábamos hasta que uno de ellos viniese y nos pidiera bailar, la sensación aún la recuerdo, era una ansiedad extraña, muy emocionante y visceral, y digo “visceral” porque era tanta la tensión que hasta dolía la panza.

Yo, como siempre ocultando mis sentimientos, miraba hacia otro lado para no tener que presenciar cuando el niño que me gustaba sacara a bailar a la niña más linda del cumpleaños.  Cuando de pronto lo vi frente mío.  Ese momento cambió un poco mi vida de niña de cumpleaños a niña caminando hacía la adolescencia, sentí que me pedían subir a una nube y que todo por allá abajo no me importaba. A pesar de que el baile era tocarse apenas con la punta de los dedos el hombro de tu compañero. Pero fue un momento que nunca olvidaré porque me hizo inmensamente feliz.

Luego, cuando cumplí catorce años, fui a una fiesta de verdad, al menos me iban a buscar pasadito las doce de la noche y eso para mí era casi la adultez.  Había un chico que me gustaba, lo conocía desde sexto básico, un chico que con su sonrisa iluminaba todo el recreo, y creo que gracias a él comencé a escribir, le hacía una carta de amor cada día tan solo que nunca se las hice llegar… el tema es que en aquella fiesta me vestí lo mejor que pude, con  una blusa blanca que no me tapaba el ombligo (bendita época) y unos jeans pata de elefante que en esa época eran de lo más. Usaba el cabello melena por lo que me puse un cintillo verde que mi papá decía que me hacía juego con mis ojos… y si lo decía mi papá yo me la creía toda.  

Bailamos miles de lentos y cada vez que se acercaba a mi boca yo salía corriendo como idiota… jamás había besado a nadie antes más que al  espejo, pero eso no contaba como beso, tan solo para practicar jajajaja (quién no lo hizo que no siga leyendo por favor) cada vez que él intentaba besarme yo corría al baño y detrás de mí todas mis amigas… nos encerrábamos y me daban miles de consejo las que ya tenían experiencia en ese arte.  “Abre la boca y cierra los ojos” “Te va a meter la lengua” etc… y mientras más escuchaba más nauseas me daban, y debía tomar agua como diabética.  Después de un rato volví a la sala de baile, que era el living de mi compañero de curso que estaba de cumpleaños.  Y ahí estaba Ricky Martin… (No podía en ningún caso, ser otro) “Eres el amor de mi vida”  Todo en ese momento cobraba sentido, fui directo a sus brazos (en ese tiempo ya éramos capaces de bailar abrazados sin reírnos como idiotas ) bailamos, y sentía su respiración en mi mejilla y su olor a chicle dos en uno de menta. Me acariciaba con su nariz como buscando mis labios, lo cual me estrujaba el estómago, pero anule cada una de las recomendaciones de mis amigas y cerré mis ojos. Y fue ahí cuando sentí sobre mis labios los suyos, apreté tanto mis ojos y no me daba cuenta que también lo hacía con mi boca, y me dice sobre los mismos “si no quieres, no lo hagamos”. Abrí mis ojos y vi los suyos, esos que yo tanto buscaba en los recreos. Y lo tenía ahí en frente mío, queriendo besarme y enseñarme algo que jamás en mi vida olvidaría. Le sonreí y me acerqué a su boca, esa tan linda que sonreía hermoso. Y  volví a esa nube maravillosa, la misma del baile de hacía cuatro años antes, pero esta me llevaba mucho más alto, casi podía tocar las estrellas.  No quería que la canción terminara, no quería volver a tocar el suelo ni  volver a abrir mis ojos jamás, ahí se sentía genial y cuando se separó de mí y abrí mis ojos, me regaló una de esas sonrisas tan lindas que solo él podía regalar.  Se encendieron las luces y cambió la música. Las niñas me alejaron de esos labios queriendo copuchar, pero justo llegó mi papá a buscarme, ya eran las doce treinta de la noche. Esa noche no pude dormir nada, me tocaba los labios con los dedos una y otra vez, y volvía a sentir su beso increíble… y aunque después de eso no ocurrió nada más, fui inmensamente feliz.

Mi primer baile, mi primer beso y todas las primeras veces siguientes fueron hermosas, la sensación de sentirse nerviosa pero ansiosa, esa sensación tan genuina que nos entrega la adolescencia, ese camino mágico que recorremos escalando peldaño a peldaño hasta llegar a la adultez para mí al menos, ha sido genial, incluso los malos ratos. Todos debiésemos recordar nuestro paso por la adolescencia con amor, a tus amigos, los enemigos, las anécdotas, las tristezas, los desengaños, las desilusiones etc...  Las caídas amorosas son lo más terrible a esa edad, las rupturas amorosas nos dañan tanto el corazón que deben ayudarnos a recoger cada pedacito.  Y las amigas… aquellas hermanas del alma que con el tiempo algunas perduran y otras quedan en el pasado. ¿Qué hubiese sido de nuestra adolescencia sin nuestras amigas o amigos? ¿Lo recuerdan verdad?
No tenía muy claro de que tema hablaría esta semana en nuestro querido blog, y mientras trabajaba el día sábado, llegó “Endless in Love” a mis oídos y me reí mucho haciendo un “Rewind” es increíble como la música siempre ha estado en mi vida, y puedo recordar cada momento importante gracias a estas canciones….

No olvidemos nuestra chica adolescente, hagámosle un cariño de vez en cuando trayéndola al presente, recordando… aunque tal vez para algun@s la adolescencia no es un buen recuerdo, reencontrémonos con esos momentos, aquellos que solo nosostr@s sabemos que son especiales, sonriamos,  recordamos lo que fuimos, las tonteras, los chistes, los bailes imbéciles, o quizás esos amores que nos llenaron la vida de luz por unos momentos, los buenos momentos… Gracias a aquella chiquilla introvertida, por momentos enojada con el mundo, por otros, enamorada del mismo, que amaba bailar en secreto y escribir historias de amor que nunca llegaron a destino. Gracias a esa chica soy la mujer de hoy en día, con imperfecciones, chascona y enojona, pero así me quiero, me respeto y me cuido.

lunes, 4 de junio de 2018

Planeándo (me) la vida


Cuando eres una niña te preguntan ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Y tú con una sonrisa y ojitos brillantes respondes: veterinaria, doctora, profesora o lo que más te entretenga.
Cuando eres chico, poco esperan de ti y tienes una libertad que no eres capaz de valorar sino hasta con el paso del tiempo. Básicamente, tu vida se divide en 2 mundos en los que te mueves constantemente: casa y colegio. Es aquí donde comienzan los planes acerca de tu futuro y lo que comenzó siendo un sueño de la tierna infancia se transforma en una meta que debes  alcanzar.
Pasas catorce años de tu vida preparándote para dar una prueba que supuestamente te valida como apto para entrar a una institución que te formará para ser un profesional, que en el mejor de los casos será lo que quisiste estudiar. De no ser así tendrás que conformarte con lo que te alcanzó.
Y así ese sueño de vivir solo a los 18 años se diluye, porque el castillo de naipes que construiste o construyeron para ti se va derrumbando carta a carta con un simple soplido.
¿Qué es lo que se espera de mí? Si eres mujer, fácil:

  1. Estudies.
  2. Trabajes.
  3. Conozcas a alguien ( ojalá siguiendo la heteronorma) seas una niña bien con la cual casarse y tengas la capacidad de transformarte en una Jesica Rabitt que satisfaga a su pareja ( un hombre que siempre tiene ganas de sexo.)
  4. Te cases
  5. Tengas hijos y los cries dejando de lado tu trabajo

Ah,  pero eso no es todo cada uno de estos estadios tiene una edad correspondiente para llevarla a cabo; estudiar desde los 4 a los 18  años para luego volver a estudiar de los 19 a los 24 años ( sin reprobar ni una sola asignatura y ojalá graduarte con distinción), Trabajar unos 5 años más, conocer a ese alguien especial y casarte para tener hijos lo más pronto posible porque el reloj biológico no perdona a nadie y si ya pasaste de los 35 sonaste, pasó la vieja.

¿Dónde me preguntaron si quería ser feliz y vivir la vida más que sobrevivirla?

Cuando una sociedad espera que seas un modelo de persona más que un ser humano, el foco está puesto en la competencia como medio para triunfar más que aprender de mis errores y crecer ese hábitat se transforma en el caldo de cultivo para prejuicios, juicios y condenas a todo aquello que no responda a la norma ya sea por opción u obligación.

Al menos yo, soy todo aquello que no debería ser y ya casi a mis 32, sin haber tenido pareja ( donde mis parientes me miran con lástima, pues creen que me quedé para vestir santos, eso en el mejor de los casos, porque  quizás más de uno piensa que soy lesbiana.) haber estudiado algo que me va a garantizar el hambre más que una seguridad económica. Ah, no hablemos de tener hijos porque como conté en el punto anterior no tengo con quien y mi relojito se está pasando.

Hace años la vida me enseñó a no planear mucho las cosas porque me pasé la vida planeando lo que quería hacer, pero el destino me tiró el ego al suelo y me demostró que a veces tienes que caer para volver a la esencia. Hoy aprendí a vivir el día a día, a no tener expectativas porque así no te desilusionas: la vida es como es, no como quieres que sea.
Para el mundo tal vez no soy lo que esperan, pero para mí soy mucho mejor de lo que soñé alguna vez, soy agradecida y feliz de disfrutar la vida, de haber llorado y reído, de haber aprendido y seguir haciéndolo. Porque el día que sepas todas las respuestas viene el universo y te cambia todas las preguntas y ahí sabrás si todo eran quimeras o si puedes volver a construirte con lo que eres y tienes.



“La felicidad aparece cuando olvidas los espacios y vives sin pensar en los tiempos.” Albert Espinosa. 

Cuando congelamos el tiempo por amor a otros y nos olvidamos de nuestra propia existencia

A veces sin querer caemos en el juego de las apariencias donde queremos simular una realidad perfecta, inocua e incluso me atrevería a d...